El comienzo del fin para los judíos árabes en Iraq se produjo en 1950, cuando, irónicamente, agentes sionistas en Bagdad colocaron bombas en una sinagoga.
Fue una artimaña sencilla: sembrar miedo y dudas entre la población judía árabe para atraer la migración masiva al recién formado estado de Israel. El plan, conocido como Operación Ezra y Nehemías, se replicaría en otras partes del mundo árabe.
“Los judíos éramos parte constitutiva de la sociedad en Iraq. El árabe era el único idioma que hablábamos en casa y nunca hubo dudas sobre quiénes éramos”, comenta a TRT Español Joseph Sassoon, profesor de historia y economía política en la Universidad de Georgetown, e hijo del prominente clan judío Sassoon de Bagdad.
La Nakba, la “catástrofe” en árabe en la que más de 700.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares en 1948 para dar paso al establecimiento de un estado exclusivamente judío llamado Israel, es bien conocida. Pero menos conocida es la partida masiva de judíos árabes a Israel durante las décadas de 1950 y 1960.
Aunque los palestinos fueron expulsados por la fuerza y la violencia, y la huida de los judíos árabes fue voluntaria, ambos están unidos por un mismo hilo sionista.
Lo que siguió fue la destrucción irreversible de un tapiz histórico y cultural increíblemente rico de la vida judía en tierras árabes durante más de 2.000 años. El sionismo no sólo acabó con la vida palestina en Palestina, acabó con la vida judía en todo el mundo árabe.
“Hoy, por ejemplo, en mi viejo vecindario quedan sólo cuatro ancianos judíos árabes”, lamenta Sassoon. “Una señora de más de 80 años está a cargo de lo que queda de la comunidad. Cuando mueran será el fin de todo. Es la pérdida total de una civilización”.
El fin de 2.000 años de convivencia
El judaísmo nunca fue ajeno a las tierras árabes. Se estima que en 1945, tres años antes de que el colonialismo sionista tomara forma bajo el estado de Israel, había entre 850.000 y 1 millón de judíos árabes viviendo en el mundo árabe.
Sólo se diferenciaban por sus prácticas religiosas y sus nombres. Por lo demás, eran parte esencial y visible de la sociedad, en lugares como Argelia, Yemen, Egipto e Iraq. En algunos casos, estas comunidades habían existido durante milenios. “Mi familia y otras familias se remontan a hace 2.500 años en Babilonia, el antiguo Iraq”, dice Sassoon. “Durante la época otomana, el ministro de finanzas siempre fue un miembro de mi familia. Y esta persona siempre era elegida directamente por el propio sultán en Estambul”.
La historia islámica está llena de evidencias del rol destacado de muchos judíos en la sociedad musulmana.
Ibn Yumay, médico personal de Saladino, famoso conquistador musulmán de Jerusalén durante las Cruzadas, era judío árabe egipcio. Ibn Kilis, otro judío árabe nacido en Iraq en 930, se convirtió en un poderoso ministro principal de la corte musulmana chií fatimí de Egipto. Y, por supuesto, está Moisés Ibn Maimun, conocido como Maimónides, de la Andalucía islámica, posiblemente el erudito y jurista más influyente del judaísmo, a quien muchos judíos llaman “el segundo Moisés”.
Los árabes judíos huyen en masa
La entrada de Israel en el escenario mundial en 1948 es un evento decisivo. La narrativa propagandística de Israel postula que los judíos árabes huyeron del antisemitismo generalizado en el mundo árabe. Sin embargo, informes históricos sugieren que detrás de muchos supuestos ataques antisemitas, hubo agentes sionistas que sembraron miedo e incertidumbre entre los judíos árabes, causando que la mayoría huyera al recién creado Israel.
“En ese año todo cambió”, explica Sassoon. “Hay quienes dicen que los sionistas plantaron bombas para asustar a los judíos. Y hay quienes dicen que el avaricioso gobierno iraquí quería apoderarse de la riqueza de los judíos iraquíes. Y que fueron ellos quienes orquestaron los ataques. No se sabe con seguridad. Pero, si me preguntas, yo digo que fueron los sionistas”.
“Se utilizó propaganda y conspiración para expulsar a los judíos del Oriente Medio árabe”, revela a TRT Español Nasim Ahmed, analista político en Inglaterra. “Los judíos disfrutaron de estilos de vida de clase alta, vivieron como árabes entre árabes, presenciando las idas y vueltas de dinastías e invasores mongoles, y permanecieron en tierras árabes. Sólo cuando apareció el sionismo seguido de la creación de Israel, se sintieron amenazados en sus propios países”.
Entre 1950 y 1951, el Mossad, la agencia de espionaje israelí, orquestó cinco ataques con bombas contra objetivos judíos en una operación conocida como Ali Baba. El propósito: fomentar el miedo y la hostilidad hacia los judíos iraquíes. A medida que el ánimo se ensombrecía, más de 120.000 judíos, el 95% de la población judía de Iraq, se marcharon a Israel.
En Egipto, una fallida operación encubierta de la inteligencia mliitar israelí, conocida como el “caso Lavon”, reclutó a judíos egipcios para colocar bombas dentro de iglesias y bibliotecas. Se atribuyó los ataques a musulmanes y comunistas con el fin de provocar reacciones políticas a favor de Gran Bretaña e Israel, pero una consecuencia no deseada fue la creación de un ambiente hostil a los judíos que persuadió a muchos egipcios judíos a emigrar a Israel.
A principios de la década de 1970, del casi millón de judíos árabes que vivían en el Oriente Medio árabe y el norte de África sólo quedaban 4.700.
La limpieza étnica oculta
Una vez en Israel, los judíos árabes recién llegados fueron rechazados por la mayoría judía asquenazí europea blanca que había colonizado y establecido el estado israelí.
“Se enfrentaron al racismo extremo, fueron sometidos a intensos programas de adoctrinamiento sionista diseñados para desfigurar y deshumanizar su arabidad”, dice Nasim Ahmed. “Su identidad fue despojada intencionalmente”, .
Incluso la mera idea de “judío árabe” fue borrada y sustituida por un término deliberadamente vago -“mizrají”- de la palabra hebrea “este” para denotar judíos “orientales” o no occidentales.
“Hubo dos tipos de borrado”, explica Ahmed. “Los palestinos fueron borrados sin éxito de Palestina. Se quedaron y lucharon contra los intentos de limpieza étnica. El otro borrado fue el de los judíos árabes. Y este sí fue realmente exitoso”.
Mientras en el primer caso se buscó la eliminación de un pueblo de su tierra, en el segundo se persiguió la eliminación de una identidad de la mente colectiva de un pueblo.
“Los sionistas dirán que la idea de árabe-judío es una contradicción, pero no lo es”, advierte Ahmed. “Los judíos han estado viviendo como árabes durante más de 2.000 años. Si decimos: ‘Los judíos también pueden ser árabes’, entonces no hay contradicción, hay armonía. Y con esa armonía, judíos, musulmanes y cristianos, todos ellos árabes, pueden vivir en un Estado. Para Israel, esa contradicción tiene que existir. Y sin ella, Israel ha fracasado”.