Europa
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El presidente de Azerbaiyán "lanza el guante" al Kremlin
¿Se transformará el avión que se estrelló en un símbolo del deterioro de las relaciones entre Azerbaiyán y Rusia? ¿Cuál será el futuro de los lazos entre Bakú y Moscú?
El presidente de Azerbaiyán "lanza el guante" al Kremlin
Aliyev lanzó el guante al Kremlin.
27 de febrero de 2025

"Desafortunadamente, durante los primeros tres días solo escuchamos versiones absurdas. Atribuir [el accidente del avión] a unos pájaros o explicarlo por una explosión de un cilindro de gas es estúpido y deshonesto". Estas duras palabras del presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, pronunciadas durante la ceremonia fúnebre de la tripulación del avión de Azerbaijan Airlines que se estrelló, se han convertido quizás en la crítica pública más contundente hacia Rusia en los últimos años. Sin embargo, últimamente las relaciones entre Moscú y Bakú no han sido totalmente armoniosas.

El fatídico vuelo Bakú-Grozny del 25 de diciembre comenzó como de costumbre. Un Embraer ERJ-190, con 67 personas a bordo, debía aterrizar en la capital chechena. Sin embargo, cuando sobrevolaba la región, el territorio fue atacado por drones ucranianos. Se le negó el aterrizaje, citando malas condiciones meteorológicas y por el reglamento conocido como "Alfombra". Tras un largo vuelo, el avión se estrelló cerca de Aktau, Kazajistán, causando la muerte de 38 personas.

Las primeras imágenes del sitio del accidente generaron serios interrogantes: los restos mostraban signos claros de que sufrió daños mientras aún estaba en el aire. La versión de que el avión podría haber sido alcanzado por los sistemas de defensa aérea rusos, que operaban esa noche sobre el Cáucaso del Norte, cobró fuerza. Además, el silencio de la parte rusa en los primeros días no hizo más que aumentar las sospechas.

Sin embargo, el incidente no se limita solo al accidente y las reacciones posteriores. Muchos han señalado la dureza de las declaraciones de Aliyev y se han cuestionado si esta retórica no refleja una crisis más profunda en las relaciones entre ambos países.

Después de la operación relámpago de Azerbaiyán en Karabaj en septiembre de 2023, quedó claro que la influencia rusa en la región se está debilitando rápidamente. El contingente de paz, desplegado tras la guerra de 2020, no pudo (o no quiso) prevenir la capitulación de las fuerzas armenias.

Asimismo, la guerra en Ucrania ha limitado significativamente las capacidades de Rusia en la región. Si antes la simple amenaza de intervención rusa frenaba los ataques directos contra Moscú, ahora esto ya no ocurre. Y Bakú lo sabe perfectamente.

Pero hay que tener en cuenta otro aspecto en esta crisis: la situación se complica aún más con el creciente acercamiento de Rusia a Irán. Para Azerbaiyán, esta es una línea roja.

Las relaciones entre Bakú y Teherán han sido históricamente tensas: Irán alberga una gran población que habla lenguas túrquicas, lo que provoca una fuente constante de tensión entre los países. Teherán también se opone a la creciente influencia de Türkiye en la región, algo que durante años se evidenció en el apoyo de Irán a Armenia. En este marco, Irán se muestra particularmente cauteloso ante la creciente asociación estratégica entre Azerbaiyán e Israel.

Además, existen una serie de contradicciones sobre el Corredor de Zangezur, una ruta de transporte que conectaría Azerbaiyán con la autonomía de Najicheván a través del sur de Armenia. Irán ve este proyecto como una amenaza directa a sus intereses geopolíticos, temiendo que esto aísle su tradicional ruta hacia Armenia y Europa. El apoyo de Rusia, incluido el de su ministro de Relaciones Exteriores, Sergei Lavrov, a esta iniciativa, fue recibido negativamente por parte de Teherán.

Por otro lado, desde 2022, la cooperación militar y técnica entre Moscú y Teherán ha alcanzado un nuevo nivel. Ya no consiste solo en suministrar armas, sino también en el desarrollo conjunto de nuevos tipos de armamento, incluidos vehículos aéreos no tripulados. Para Azerbaiyán, que ha construido una alianza estratégica con Israel, este acercamiento entre Rusia e Irán resulta especialmente preocupante.

En este contexto, el accidente aéreo se convirtió en un catalizador de las tensiones acumuladas. Bakú ya ha tomado medidas concretas: suspendió vuelos a varias ciudades rusas y endureció el régimen de visados para los ciudadanos de ese país. Lo más significativo, sin embargo, es que cambió el tono del diálogo. Cabe destacar que en 2020, cuando las fuerzas azerbaiyanas derribaron accidentalmente un helicóptero ruso Mi-24, Aliyev se disculpó inmediatamente con Putin. Y ahora Bakú espera un trato equitativo.

La decisión de Bakú de rechazar la propuesta de investigar el accidente a través del Comité Intergubernamental de Aviación, conocido como IAC, también refleja el distanciamiento. Aliyev dejó claro que no confía en esta organización porque está dirigida por funcionarios rusos. En su lugar, especialistas de Brasil, Kazajistán y Azerbaiyán se encargarán de la investigación, mientras que los representantes del IAC participarán solo como miembros ordinarios del grupo de trabajo.

Teniendo en cuenta estos factores, es probable que en el futuro cercano se produzca un enfriamiento más marcado de sus relaciones. Bakú no busca una ruptura drástica, ya que Rusia sigue siendo un socio económico importante. No obstante, los nuevos proyectos conjuntos se retrasarán y los existentes se revisarán. Azerbaiyán parece haber adoptado una postura más independiente y firme hacia Moscú.

Es simbólico que la tragedia haya ocurrido sobre el Cáucaso, una región donde se han cruzado intereses de diversas partes durante siglos. Ahora, la zona vuelve a convertirse en un lugar donde chocan ambiciones geopolíticas. Actualmente, Rusia intenta mantenerse en dos frentes: preservar su influencia en la región y librar una guerra –agotadora– en Ucrania. Si esto continúa, le será cada vez más difícil mantener el frágil equilibrio.

El accidente aéreo del 25 de diciembre podría convertirse no solo en una tragedia, sino en un punto de inflexión en la cuestión de la influencia rusa en el Cáucaso Sur. Con la guerra en Ucrania consumiendo los recursos militares y diplomáticos de Moscú, mantener posiciones en la región se está tornando cada vez más complicado. La caída del avión azerbaiyano simboliza cómo Rusia está perdiendo control sobre un territorio donde anteriormente actuaba como árbitro clave. Y, en este contexto, nuevos errores no harán más que acelerar el declive de su influencia en la región.

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