“Aquí nací y aquí me quiero morir”: palestinos regresan al norte de Gaza
Oriente Medio
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“Aquí nací y aquí me quiero morir”: palestinos regresan al norte de GazaDespués de haberse desplazado hace más de un año, dos familias palestinas regresan a sus hogares en el norte de Gaza en medio de la destrucción masiva. Pero juran permanecer en su tierra.
Khamis Al-Dardasawi y sus nietas frente a su tienda de campaña en Al Shojaiya, en el norte de Gaza. Foto de Khamis Al-Dardasawi.
26 de febrero de 2025

Gaza, Palestina – "Estábamos tan emocionados de poder regresar a Shujaiya por fin. Todos a nuestro alrededor también estaban tan felices", recuerda el palestino Khamis Al-Dardasawi después de volver a su viejo vecindario en la Ciudad de Gaza. "El viaje fue agotador, especialmente para las mujeres y los niños, así que hicimos algunas pausas en el camino", relata. 

Cuando el tan anhelado alto el fuego en Gaza fue una realidad, y después de sobrevivir a 15 meses de desplazamiento, Khamis y los otros ocho miembros de su familia dejaron su campamento de refugio en Al-Zawaida a las 7 a.m. para emprender el camino que les esperaba.

Khamis, su esposa, sus cuatro hijos y sus dos hijas recorrieron 15 kilómetros a pie, de regreso al norte de Gaza por Al-Rasheed, una carretera que se extiende a lo largo de la costa del enclave.

"Decidimos regresar a Shujaiya a pesar de la destrucción de nuestra casa", relata Khamis, un albañil, a TRT Español. "Regresar a Shujaiya le trajo alegría a mi corazón. Recuerdo cuando solía llorar de anhelo por mi tierra cuando estaba desplazado en el sur".

Pero después de tantos meses bajo la incesante ofensiva israelí sobre Gaza, el área quedó reducida a escombros. La familia Khamis tuvo que instalar una tienda de campaña cerca de los restos de su casa de cuatro pisos, recién construida antes de que la destrucción de Tel Aviv la engullera. 

"Todavía vivo en una tienda, y las condiciones siguen siendo difíciles, pero estoy feliz de estar de vuelta a donde pertenezco, a mi tierra y entre mi familia y amigos", afirma el padre de 51 años.

La infraestructura de la zona sufrió daños amplios y graves, especialmente los pozos de agua subterránea, la principal fuente de abastecimiento en Gaza, junto con problemas en las redes de alcantarillado y las líneas eléctricas.

La dura realidad de la vida en medio del desplazamiento ha creado enormes dificultades para las familias palestinas como la de Khamis, que luchan para satisfacer sus necesidades diarias básicas.

"Tuve que gastar todo el dinero que había ahorrado para la boda de mi hijo en comprar una tienda, comida y algunos colchones. Y, aun así, la tienda no nos protegía del frío. Los niños sufrieron más", recuerda Khamis.

La invasión terrestre de Israel contra la ciudad de Rafah, en el sur de Gaza, obligó a la familia a desplazarse una vez más, y a enfrentar la fuerza de la naturaleza después de instalar su tienda en el área de Al-Zawaida.

"Una noche, el viento era muy fuerte y las olas del mar subieron mucho. De repente, las olas del mar irrumpieron en nuestra tienda y la inundaron. Fue como una pesadilla. Estábamos asustados y en shock", recuerda Khamis.

"Me aseguré de que los niños no se ahogaran y tomé a mi familia para alejarnos. A la mañana siguiente, mis hijos y yo recogimos lo que quedaba de nuestra tienda y nuestras cosas. Luego, un hombre amable abrió su tierra para que pudiéramos montar nuestra tienda allí", continúa.

A pesar de la solidaridad entre los palestinos y su profundo arraigo a su tierra, el regreso de los desplazados al norte de Gaza ocurre en medio de las declaraciones recientes del presidente de EE.UU., Donald Trump, sobre la posible toma de "control" de Gaza y la expulsión de sus habitantes, un movimiento que muchos consideran una limpieza étnica.

A pesar de esto, Khamis dice que su familia tiene la intención de quedarse en Gaza: "Amamos nuestra tierra y estamos decididos a quedarnos en ella. Nací en Shujaiya y allí quiero morir".

Dificultades para llegar a casa

Karam al-Toum fue uno de esos palestinos desplazados durante más de un año por la brutal ofensiva israelí: vivió la mayor parte del tiempo en el campamento de Deir Al-Balah.

Este instructor de fotografía de 21 años recuerda haber pensado que la agresión de Israel nunca terminaría. Por eso, recordando el momento en que se anunció el alto el fuego, compartió: "Todos estaban celebrando, niños y adultos por igual. Se sentía como el Eid o incluso una gran fiesta de bodas."

Pero esta alegría empezó a opacarse a finales de enero, cuando empezó el viaje de regreso, también a pie, en medio de las difíciles condiciones del invierno. "Cuando caía la noche, la gente tenía que dormir en la arena al lado de la carretera en el frío extremo. Fue una experiencia terrible", lamenta.

Finalmente, Israel permitió que decenas de miles de palestinos desplazados cruzaran, abriendo el corredor de Netzarim el 29 de enero.

Karam fue uno de los primeros en comenzar el viaje hacia el norte de Gaza. También lo hicieron cientos de palestinos que salieron del campamento de refugiados de Nuseirat, el punto más cercano que separa el norte del sur del enclave, atravesando el corredor.

A Karam lo emocionaba la posibilidad de reunirse con sus seres queridos, pero la travesía "desencadenó muchos recuerdos horribles" del momento en que tuvo que huir a través de ese mismo corredor de Netzarim en marzo de 2024.

Inicialmente, la familia de Karam había deseado quedarse en su casa. Sin embargo, los bombardeos y las invasiones terrestres israelíes en el norte de Gaza los obligaron a huir. En marzo, un ataque aéreo contra su casa en el campamento de Yabalia fue el detonante de la huida. 

Durante el bombardeo, el padre de Karam, Maher, resultó herido por metralla en el cuello y las piernas y fue trasladado al hospital, mientras que la casa sufrió daños graves. 

Como hijo mayor, en medio de los continuos bombardeos israelíes en Yabalia, Karam se encargó de salvaguardar a su familia de 10 miembros, incluyendo a su madre, su padre, cuatro hermanas y tres hermanos.

Esto dejó a Karam en "shock" y preocupado por su padre. "Asumir la responsabilidad de la familia me puso mucha presión, pero tenía que mantenerme fuerte para ayudar a mi familia a sobrevivir", insiste.

El padre de Karam, Maher, un agricultor de 45 años, permaneció en el norte de Gaza. Pero Karam y su familia, incluyendo a sus dos hermanas –Bushra, de 10 años, y Sama, de 7– y a su hermano –Akram, de 12– caminaron al sur. Junto a cientos de palestinos que cruzaron el punto de control de Netzarim. Sobre ese día, Karam afirma que haber tenido que enfrentar la agresión israelí fue “la experiencia más aterradora de mi vida".

"Todos estaban aterrados. Cada vez que miraba a mi alrededor, veía personas heridas o muertas, veía niños llorando porque habían perdido a sus familias entre la multitud, veía mujeres llorando", recuerda Karam.

Las escenas caóticas impactaron a Karam. Ni siquiera pudo ponerse los zapatos. Después de caminar sobre los escombros, las rocas y los vidrios rotos, vio que tenía varios cortes y moretones en sus pies.

En un momento, también había tomado las manos de sus tres hermanos, pero en medio del caos, terminaron separándose.

"Estaba muy preocupado por el destino de mi familia, pero las instrucciones de los soldados israelíes eran que siguiéramos caminando. No podía buscarlos ni ayudar a las otras personas a mi alrededor", cuenta.

Después de cruzar el punto de control israelí, Karam y sus tres hermanos finalmente se reunieron con el resto de la familia.

Luego caminaron más de 15 kilómetros, llegando a la ciudad de Deir Al-Balah y pasando su primera noche en el sur al lado de la carretera. Luego se mudaron a una pequeña universidad y luego a una pequeña tienda en la misma zona.

Casi un año después, Karam cruzó el mismo punto de control en su viaje de regreso. Y, a pesar de los recuerdos oscuros, se sintió menos temeroso con su familia a su lado en esta ocasión.

El regreso

Al recorrer la ruta costera de Al-Rasheed, Karam recuerda los efectos de la agresión de Israel.

"Me sorprendió ver el nivel de destrucción a lo largo de la carretera. La calle Al-Rasheed era uno de los lugares más hermosos de Gaza, donde la gente disfrutaba ir a restaurantes y cafeterías, y asistir a universidades y escuelas", recuerda Karam. "Ahora, todo está destruido y al nivel del suelo. Ni siquiera reconozco los lugares a los que solía ir a menudo y disfrutar de mi tiempo con la familia y los amigos”, agrega.

Después de un largo viaje, las familias y los seres queridos vivieron un "momento conmovedor", reuniéndose en el norte de Gaza, donde muchos habían esperado al otro lado del corredor de Netzarim para abrazarlos.

A pesar de regresar a casa para estar con su comunidad, insiste que las condiciones de vida en el norte siguen siendo "muy desafiantes".

"Hay una gran escasez de las necesidades básicas de la vida, especialmente de agua. Tengo que caminar tres kilómetros solo para conseguir un cubo de agua," relata Karam. "A pesar de eso, la gente de Gaza ama la vida y está dispuesta a soportar todo el sufrimiento para permanecer firme en su tierra", concluye.

FUENTE:TRT Español
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